Santo Domingo. - Entre honores militares, palabras cargadas de emotividad y recuerdos de una vida marcada por la superación, fueron sepultados este domingo los restos del político e ingeniero Ramón Alburquerque, expresidente del Senado de la República y miembro fundador del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Pasadas las 2:00 de la tarde, el féretro de Alburquerque llegó en caravana desde la Casa Nacional del PRM, organización que consideró su hogar político.
El carro fúnebre fue recibido por una formación militar que rindió los honores correspondientes, en reconocimiento a un hombre que, según familiares y allegados, fue “un ser extraordinario”.
El acto inició con la entonación del Himno Nacional, seguido de emotivos discursos en los que se resaltó la dimensión humana, política y moral del dirigente.
Uno de los testimonios más conmovedores fue ofrecido por su cuñado, Ramón Guillermo Sánchez, quien narró las duras circunstancias que marcaron la vida de Alburquerque desde su nacimiento en un batey de la provincia de Monte Plata.
“Ser extraordinario fue su refugio”, expresó Sánchez al relatar que Ramón nació en medio de la pobreza y enfrentó desde sus primeros días severas limitaciones físicas, como deformaciones faciales y emocionales.
“La vida, desde el principio, se empeñó en decirle que su destino no estaba escrito en palabras, sino en cicatrices”, afirmó.
Contó que durante su niñez pasó largos períodos entre hospitales y orfanatos, donde aprendió a comunicarse en lenguas extranjeras y a desarrollar una forma distinta de pensar y resistir.
Fue educado en Canadá, donde se formó académica y humanamente bajo una consigna que marcaría su vida: “Sé mejor en todo lo que emprendas, porque esa es tu única forma de sobrevivir”.
Su cuñado narró que, de regreso al país, la vida volvió a ponerlo a prueba con la pérdida temprana de su padre. Dijo que su adolescencia transcurrió entre responsabilidades familiares, estudios y trabajo físico, sacrificando su tiempo juvenil.
Indicó que ese esfuerzo lo llevó a destacarse en las mejores universidades del mundo, donde se formó como un ingeniero brillante, práctico y visionario. Al retornar a la República Dominicana, asumió responsabilidades de Estado que usualmente recaen en figuras de mayor edad, desempeñándolas con excelencia.
“Llegó al Senado no para ocupar una silla, sino para escribir leyes destinadas a cambiar el futuro del país”, resaltó Sánchez, al señalar que para Alburquerque la política y la vida eran una sola cosa.
Sostuvo que, a pesar de recorrer el mundo, recibir honores de universidades y cabildos, y ser un orador admirado en escenarios internacionales, siempre afirmaba que “los mejores vinos y los mejores platos no estaban en Francia, España ni en Japón, sino en los hogares humildes del país”, donde era recibido con amor y gratitud.
Sánchez narró que durante el velatorio numerosas personas se acercaron de manera anónima a agradecer a su familia por las vidas que Ramón Alburquerque transformó, muchas de ellas a través de operativos médicos y programas de su fundación, que ayudó a formar a miles de jóvenes profesionales.
“Fue recordado como padre amoroso, esposo devoto, amigo leal y servidor público íntegro, respetado y querido por millones de dominicanos. Dedicó su vida a la patria, a la defensa de sus recursos, su soberanía y, especialmente, a los más pobres, a quienes dio voz y esperanza”, resaltó.
Entre su legado se destacan importantes leyes, aportes científicos y técnicos, así como su papel clave en la fundación y consolidación del PRM como baluarte de la democracia dominicana. “Ramón nunca tuvo ni quiso más de lo que necesitaba”, afirmaron sus familiares.
Dijo que, aunque se dice que nadie se lleva nada de este mundo, Ramón Alburquerque se lleva mucho: planes integrales de gobierno, ambiciosas propuestas de desarrollo económico, estrategias para la protección del medio ambiente, soluciones energéticas, conocimientos sobre minería responsable y una visión de Estado pragmática y profunda.
“Pero también se lleva el amor y el reconocimiento de todos los aquí presentes y de un pueblo entero que hoy eleva una oración por su alma”, concluyó Sánchez, cerrando su discurso con una imagen que arrancó sonrisas entre lágrimas:
“Estoy seguro de que, al llegar allá arriba, Ramón le puso la mano en el hombro a San Pedro y le dijo: ‘Pedro, tómate un descansito y deja que entren todos’”.
De igual modo, Feliciano expresó, en nombre de la Corriente Alternativa Democrática, creada por el ingeniero Ramón Alburquerque junto a un grupo de seguidores y colaboradores, su agradecimiento a los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y a los compañeros que, en cada provincia, municipio y comunidad del país, los recibieron con los brazos abiertos durante los trabajos políticos.
Posteriormente, familiares y amigos se acercaron al féretro para depositar una rosa blanca y darle el último adiós al ingeniero Ramón Alburquerque.
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