Este triunfo electoral de Luiz Inácio Lula da Silva adquiere un simbolismo muy particular. Y diríamos que necesario.
El viejo obrero, líder sindical, fundador del Partido de los Trabajadores y electo cuatro veces presidente de la República Federativa de Brasil, se ha convertido en un sobreviviente a la onda grotesca de la política mundial.
Su victoria derrota a la grosería extrema de las palabras, las desconsideraciones y los prejuicios. Y eso tiene un valor simbólico extraordinario.
Tiene igual, sin duda, un valor al poder electoral de quienes tienen la decisión y la responsabilidad de elegir a sus gobernantes.
Y estas elecciones eligieron al presidente Lula, al tiempo en que derrotaron a muchos.



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