Estamos viviendo en un mundo en que la única certeza es la incertidumbre. Y, como es lógico, esto genera un estado de ánimo lleno de ambigüedades, que inciden en los gobernantes y en los gobernadores.
Es una situación provocada por grandes lideres de grandes nacionales, lo que, sin dudas, hace más incierto el panorama global.
Y resulta sorprendente que justo en ese nivel de responsabilidad política y gubernamental la capacidad de diálogo haya caído a niveles de poco efectivo para lograr acuerdos duraderos.
Frente a esa realidad poblaciones enteras quedan desprotegidas expuestas a los conflictos armados, a las tensiones y al desorden.
Y todo el mundo ha quedado embarrado, sufriendo los efectos negativos.



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