Entramos al período de Semana Santa y hay una exhortación que se hace necesaria.
Está, esencialmente, en manos de los conductores respetar las reglas para conducir.
Y también de quienes andan como ocupantes de advertirlos de los riesgos de la alta velocidad y los rebases temerarios.
Lo mismo que del consumo de alcohol y el uso imprudente de celulares.
Debemos proponernos reducir las muertes y heridos por accidentes de tránsito en nuestras vías.
La prisa sólo como emoción es una convocatoria al desastre. Y tenemos que asumir la responsabilidad de cuidar el ambiente por donde nos movemos.
Además, en honor a quienes, desde los organismos oficiales y los miles de voluntarios que se dedican a cuidarnos.