Sorprende lo extendido que está sobre el territorio nacional la inclinación de los jóvenes, y no tan jóvenes, para involucrarse por una dinámica ilícita con el propósito de conseguir bienes fáciles.
Es como si el trabajo dejara de ser un atractivo para el progreso.
A eso, igual, se incluye la idea de marcharse del país, asumiendo que es la única forma de lograrlo.
Las drogas han ganado terreno y es un factor que facilita la creciente inclinación.
Y de alguna manera disminuir el valor del trabajo consistente como vía de desarrollo personal.
Sumemos a eso, los malos ejemplos públicos y lo agotador de los procesos sancionadores.
Y el llamado populismo judicial, que al final se convierte en impunidad.