Santo Domingo, República Dominicana • Viernes 24 de Septiembre, 2021

Gary Coleman, de estrella de 'Arnold' a demandar a sus padres y morir lejos de la fama

Gary Coleman, de estrella de 'Arnold'
Su manager también se aprovechó de él, apropiándose indebidamente de su fondo fiduciario para acumular dinero para él mismo, al igual que hicieron sus padres.

Redacción.- “¿De qué estás hablando, Willis?” Esta famosa frase la pronunciaba Arnold Jackson, uno de los protagonistas de Arnold (en Latinoamérica conocida como Blanco y negro), mítica sitcom de los 70/80 que lanzó al estrellato a Gary Coleman a la temprana edad de 11 años.

El éxito de la serie lo convirtió en uno de los rostros más reconocibles del planeta, pero tras su final en 1986, el actor fue incapaz de mantener su popularidad y su vida desde ese momento fue un suceso de pasajes oscuros hasta culminar en su muerte prematura hace precisamente una década, el 28 de mayo de 2010.

Coleman fue una de esas estrellas infantiles que no pudo soportar el peso de la fama y se hundió. Batallas legales, altercados públicos, violencia doméstica, bancarrota… estos fueron algunos de los problemas que el menudo actor atravesó durante su atormentada vida, antes de fallecer a los 42 años debido a una hemorragia intracraneal.

La suya es la clásica historia de Hollywood sobre un niño precoz expuesto antes de tiempo al mundo de los adultos que no supo lidiar con las consecuencias de su propia fama, ni tampoco con las batallas legales que tuvo que enfrentar contra sus padres adoptivos siendo tan solo un adolescente.

Gary Coleman nació en Illinois en 1968 y fue adoptado por un operador de montacargas y una enfermera. Su vida estuvo marcada por una enfermedad congénita del riñón que le causó problemas de salud desde su nacimiento y detuvo su crecimiento en 1,42 metros. Antes de cumplir los 14 años, Coleman ya había pasado por dos transplantes de riñón y durante una época de su vida tuvo que someterse a diálisis cuatro veces al día para sobrevivir.

La vida no le puso las cosas fáciles, pero Coleman demostró desde bien joven que ni la enfermedad ni sus orígenes humildes iban a impedir que cumpliera su sueño.

Su carrera como actor comenzó a la tierna edad de 6 años. Fue a los 10 cuando lo contrataron para formar parte del reparto de la serie que le cambiaría la vida para siempre, Arnold (Diff’rent Strokes), comedia familiar de situación sobre un viudo blanco que adoptaba a dos hermanos negros -que Coleman fuera adoptado en la vida real, como su personaje, parecía una señal del destino.

La audiencia se enamoró instantáneamente de Arnold, hasta el punto de que la serie pasó a llevar su nombre como título en varios países, entre ellos España, Italia y Brasil.

Coleman era indiscutiblemente la estrella de Arnold, un pícaro de rostro inocente pero travieso y talento natural para la comedia que conquistó la pequeña pantalla durante ocho temporadas, emitidas entre 1978 y 1986.

La serie fue vista por millones de espectadores en todo el mundo, convirtiéndose en una de las sitcoms más populares de los 80 y colocando a su protagonista en las portadas de las revistas de aquella década.

Su éxito como Arnold le llevó a protagonizar varias películas para el cine y la televisión diseñadas para seguir explotando su fama: Lester el pícaro, Jimmy the Kid, Inteligencia suprema… Otro de los títulos que protagonizó fue Aprendiz de ángel, TV movie en la que interpretaba a un ángel que bajaba a la Tierra para ayudar a varias personas, y que dio origen a una breve serie animada producida por Hanna-Barbera, The Gary Coleman Show, que lo inmortalizó como dibujo animado.

Es decir, Coleman estaba en la cima del mundo, pero el público no perdona, y al actor le ocurrió lo inevitable: hacerse mayor.

Tras el final de Arnold en 1986, Coleman empezó a tener problemas para conseguir trabajo y su carrera cayó en picado. La moda de su personaje se había desvanecido, y aunque su baja estatura le seguía dando un aspecto distintivo, ya no era un niño.

Pese a esto, siguió trabajando en televisión, aprovechando su status como icono de la cultura popular para dejarse ver en episodios esporádicos de series icónicas de los 90 como Cuentos asombrosos, Matrimonio con hijos o El príncipe de Bel Air.

También llegó a prestar su voz en el videojuego La maldición de Monkey Island y en varios episodios de Los Simpson. Ya entrados en los 2000, Coleman siguió sobreviviendo en la pantalla a base de cameos y apariciones especiales, pero ya hacía tiempo que nadie confiaba en él como protagonista.

Y es que, detrás de las cámaras, su vida post-Arnold también fue una caída cuesta abajo y sin frenos, lo cual afectó inevitablemente a su carrera profesional.

En el momento más álgido de Arnold llegó a ganar 100.000 dólares por episodio, una cantidad sin duda desorbitada para un actor infantil en los 80.

A lo largo de su carrera, Coleman acumuló alrededor de 18 millones de dólares (16 millones de euros sin contar inflación). No obstante, perdió gran parte de su fortuna en una batalla legal con sus padres adoptivos, que poseían el control de su dinero hasta que cumpliera 18 años.

Su manager también se aprovechó de él, apropiándose indebidamente de su fondo fiduciario para acumular dinero para él mismo, al igual que hicieron sus padres.

Fue a los 25 años que ganó la demanda cuando un juez de California sentenció que debían pagarle 1.3 millones de dólares asegurando que los padres y su consejero financiero habían desviado fondos de sus ganancias (Associated Press, 1993).

Sin embargo, la mala gestión de su dinero -de él mismo, sus contadores, abogados y padres (según las palabras de Gary, eonline.com, 1999)-, hizo que se quedara con tan solo 200.000 dólares, cantidad que ni remotamente representaba la enorme fama que había alcanzado.

Teniéndolo cada vez más difícil para encontrar papeles después de Arnold, llegó a trabajar como guardia de seguridad, entre otros trabajos al margen de la interpretación, y tuvo que vender sus posesiones personales, para finalmente declararse en bancarrota en 1999. Pero sus problemas no se detienen ahí. Ni de lejos.

Coleman siguió intentando relanzar su carrera interpretativa, pero los escándalos y problemas legales seguían acumulándose en su vida personal. En 1998 fue declarado culpable de agredir a una fan que estaba intentando conseguir un autógrafo suyo mientras él compraba un chaleco antibalas en el centro comercial donde trabajaba como guardia de seguridad.

Según cuentan, la mujer le pidió la firma y cuando él se negó, ella empezó a ridiculizarlo por el fracaso de su carrera, lo que llevó al actor a golpearla en la cara varias veces con testigos presentes.

Más adelante, alegó haberse sentido amenazado por la insistencia de la mujer, a la que según él golpeó para defenderse. El juez decidió suspender su pena. Posteriormente, el incidente fue parodiado en varios programas, entre ellos Los Simpson.

En 2003, Coleman se presentó a las elecciones para gobernador de California, pero cuando Arnold Schwarzenegger anunció su candidatura, él retiró la suya y aseguró que votaría al actor de Terminator. Coleman acabó el octavo entre 135 candidatos con 14.242 votos a su favor.

Ese mismo año, el exitoso musical de Broadway Avenue Q lo parodió en un número musical que utilizaba su nombre real y lo presentaba como una ex estrella infantil que perdió todo su dinero y se convirtió en el hazmerreír de Hollywood.

Coleman amenazó con demandar a los productores, pero finalmente no lo hizo. Esta era la letra de la canción: “Soy Gary Coleman de la serie Arnold, gané mucho dinero y mis padres me lo robaron, ahora estoy arruinado y soy un chiste para todo el mundo, pero aquí estoy, como superintendente de Avenue Q, imaginad lo que es que todos te paren para pedirte que digas ‘¿De qué estás hablando, Willis?’ Te acaba cansando…”.

En 2005, Coleman conoció a Shannon Price en el rodaje de la película Church Ball y se casaron dos años más tarde. Shannon tenía 20 años y Coleman 37.

La relación duró tan solo tres años y fue muy tempestuosa. Ambos fueron arrestados en varias ocasiones por acusaciones de violencia doméstica. En 2007, Coleman fue citado por alteración del orden público tras una fuerte discusión con su mujer en Provo, Utah (Fox News).

El año siguiente, el actor se vio involucrado en un accidente de coche tras un altercado en una bolera que comenzó cuando un hombre de 24 años lo fotografió sin permiso. Según los testigos, los dos discutieron acaloradamente y Coleman y su mujer supuestamente atropellaron al hombre dejándolo levemente herido y golpeando otro coche a continuación.

En 2010, meses antes de su muerte, la demanda civil contra el actor fue desestimada después de que ambas partes llegaran a un acuerdo extrajudicial por una cantidad que no se hizo pública.

Las peleas con su esposa durante esos años fueron frecuentes. En 2009, los dos se vieron envueltos en una trifulca doméstica que llevó al arresto de Price y una citación para ambos por conducta violenta. Meses después, Coleman fue detenido por agresión y permaneció una noche en la cárcel del condado de Utah.

En una entrevista con People, el abogado de Coleman, Randy Kester, afirmó que “los dos tenían personalidades explosivas” y confirmó los casos de “incidentes de violencia doméstica por ambas partes”, asegurando que “tenían muchas peleas verbales, lo que llevaba a confrontaciones físicas”.

Finalmente, Coleman murió en 2010 a los 42 años. La causa fue una hemorragia cerebral sufrida tras caerse por las escaleras y golpearse fuertemente en la cabeza en su casa de Utah. Era la tercera vez ese mismo año que era ingresado con síntomas de haber sufrido un ataque cerebral.

Según el centro médico donde fue ingresado de urgencia (el Utah Valley Regional Medical Center en la localidad de Provo), el actor estaba consciente y lúcido a la mañana siguiente del accidente, pero su condición empeoró repentinamente y entró en coma, siendo entonces conectado a un equipo de respiración asistida para mantenerlo con vida. Un día después, el 28 de mayo, fue desconectado y murió con su familia y amigos más cercanos a su lado.

Meses después de que el mundo se despidiera de él, fuentes cercanas al actor aseguraron que llevaban tiempo preocupados por él y achacaron su trágico final a algo más que una caída por las escaleras. Shavar Ross, el actor que interpretaba al mejor amigo de Arnold, Dudley, declaró a People que “llevaba años temiendo perderlo” por la siguiente razón: “Con algunas estrellas infantiles, intentar mantenerse relevantes conlleva un obstáculo psicológico real. Y eso fue lo que le pasó a Gary. Además, se enfrentaba a otros problemas: su altura, su salud, ser adoptado. Le causaba mucha frustración”.

Pero eso no es todo, su muerte también desató las teorías más truculentas. Hubo muchas acusaciones que señalaban a su mujer como responsable de la muerte, barajando la posibilidad de que ella lo hubiera empujado por las escaleras.

Las disputas violentas del matrimonio llevaron a muchos a pensar que Coleman no murió accidentalmente. En junio de 2010, el tabloide sensacionalista Globe echaba leña al fuego publicando una escalofriante fotografía de Price posando junto a Coleman inconsciente en la cama del hospital horas antes de su muerte. Sobre la macabra imagen se podía leer el titular en mayúscula “¡FUE ASESINATO!” y una supuesta cita de Price defendiéndose de las acusaciones: “Yo no lo empujé” (CBS News).

Según recoge Daily Mail, Coleman fue hallado por su mujer inconsciente sobre un charco de su propia sangre. El historial de la pareja y las circunstancias alrededor de su fallecimiento llevaron a especular con un posible asesinato. Esta teoría cobró fuerza al hacerse pública la llamada de Price al teléfono de emergencias. En la grabación se puede escuchar a la mujer explicando con calma que había encontrado a su marido inconsciente en el suelo y negándose a prestarle primeros auxilios porque “no puedo soportar la sangre”.

Pero Price, que fue quien tomó la decisión de desconectar a su marido de la respiración asistida, nunca llegó a ser nombrada como sospechosa en la investigación oficial.

En octubre de 2010, las autoridades policiales de Utah declararon oficialmente que la muerte de Coleman había sido accidental tras las conclusiones de los forenses y cerraron la investigación.

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Según la web TMZ, la autopsia de Coleman había desvelado que el actor estaba en “terrible estado físico” justo antes de morir. Por otro lado, un portavoz de la policía de Santanquin (Utah) declaró que “Gary era un accidente esperando a suceder” y que la última vez que lo vio antes del fatídico accidente “estaba literalmente gris” (Daily Mail). Parece que aquellas personas cercanas al actor que lo vieron en sus últimos días coincidían en que su destino estaba sellado desde hacía tiempo.

Gary Coleman es un ejemplo paradigmático de juguete roto de Hollywood. Una estrella infantil que llegó a la cima antes de tiempo y se precipitó al vacío cuando se hizo mayor y el mundo dejó de hacerle caso. Otros niños prodigio como Drew Barrymore o Macaulay Culkin lograron sobrevivir y rehacer sus vidas, pero Coleman no corrió tanta suerte.

Su historial médico, sus problemas económicos, sus frecuentes encontronazos con la ley, la traición de su familia y su tumultuoso matrimonio aceleraron la caída.

Cuando se cumplen diez años de su muerte, el recuerdo de Arnold sigue vivo, pero ya no es un recuerdo feliz, sino uno ensombrecido por la oscuridad de la fama.

 

Por La Redacción
Fuente: Pedro J. García
Cine 54

 

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