Es casi seguro que la frecuencia con que se llevan a cabo las ejecuciones policiales nos deja sin saber en realidad lo que ocurre en el ambiente criminal.
Además de que, al parecer, es un procedimiento que se ha normalizado, y con los que se cierran los casos. Es un error en una doble dirección.
Ello no deja certeza de la seguridad, por el contrario, nos coloca en una situación complicada en la percepción pública. Y en este caso, lo que se crea puede pesar más que la realidad.
Desactivar las redes criminales requiere de poder cortar las raíces.
Y cuando eliminamos los elementos que la ejecutan nos perdemos de que la investigación haga su trabajo.
Matar algunos delincuentes no acaba con el problema.



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