El ejercicio del poder parece estar destinado a vivir en desasosiego. Pudiéramos afirmar que del mismo tamaño de su incidencia global.
Es un riesgo permanente que siempre incluye una estrategia para aminorarlo cuando se actúa con inteligencia.
Todo poder conllevar de entrada la enorme carga de prejuicios que consolida adversarios de distintas naturalezas.
La diplomacia bien pensada y bien armada es un factor clave de disuasión para todas las naciones, sobre todo las más influyentes.
Cuando esa diplomacia está blindada por estar bien armada resulta con mayor efectividad para ejercer esa persuasión, con la que regularmente se evitan los conflictos y las guerras.
El desasosiego es contrario al desarrollo.



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