El exceso de basura por doquier en nuestros espacios públicos, en calles, carreteras, en avenidas, en ríos, en cañadas y las costas marinas es nuestra responsabilidad.
Un grave problema que no hemos podido resolver, incluso que se ha agravado. No hemos encontrado una solución definitiva, la que comienza con poner en manos de cada ciudadano la obligación de no lanzarla donde se le ocurra.
No tenemos el tema en las escuelas, ni en las campañas de los gobiernos municipales, ni en la agenda del gobierno central.
Y parecemos muy empoderados para tirar la basura donde se nos ocurra, sin ninguna consecuencia. Y asumir que otros deben recoger nuestra capacidad de ensuciar el entorno donde nos movemos.



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